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Cómo se prepara el kéfir y cuáles son sus propiedades.

De origen caucásico, el kéfir es excelente para la salud. Se puede preparar en casa fácilmente y, gracias a su consistencia, tiene innumerables usos en la cocina. Para recetas deliciosas capaces de sorprender al invitado más exigente

El nombre no debería asustarte. Al escuchar la palabra kéfir, de hecho, uno puede pensar en un producto muy buscado, imposible de encontrar, si no en alguna región lejana del Medio Oriente. Bueno, no es nada de eso.

El kéfir no es otro que leche fermentada, que es una bebida a base de leche, de consistencia cremosa similar al yogur y sabor ligeramente ácido. Este producto completamente natural es de origen caucásico y su difusión se remonta a miles de años atrás.

Se obtiene utilizando leche fresca y fermentos o gránulos de kéfir, formado por un polisacárido llamado kefiran que alberga colonias de bacterias principalmente mesófilas y levaduras en asociación simbiótica. En la práctica, la bebida se obtiene de la fermentación de la leche.

Las propiedades del kéfir

Su consumo es adecuado para todos y recomendado por sus innumerables propiedades beneficiosas. De hecho, el kéfir garantiza una ingesta óptima de fermentos (muy útil para el buen funcionamiento del intestino), calcio, magnesio, fósforo y zinc, vitaminas del grupo B y vitamina K. Algunos aminoácidos como triptófano también actúan sobre sistema nervioso ayudando a calmar estados de hiperactividad e insomnio.

El kéfir ayuda a la formación de anticuerpos y es recomendado para quien quiera restaurar la flora intestinal, por ejemplo en el caso del tratamiento con antibióticos. Puede ser tomado por mujeres embarazadas por el contenido de ácido fólico. Finalmente, contrariamente a lo que podría pensarse, el kéfir es bajo en lactosa. En cualquier caso, los alérgicos e intolerantes pueden prepararlo sustituyendo la leche de vaca por leche de soja, leche de arroz o agua azucarada.

La receta casera de kéfir

El kéfir puede ser seguro hecho en casa. La receta de kéfir de leche requiere solo medio litro de leche de vaca (entera, desnatada o semidesnatada) y 50 gramos de kéfir de leche granulado. Una vez que hayas obtenido estos ingredientes, coloca los gránulos en un recipiente de vidrio en el que también verterás la leche. Tapar el frasco y colocarlo en un lugar a temperatura ambiente, donde permanecerá durante 24 horas, el tiempo necesario para la fermentación de los gránulos. Durante este tiempo se recomienda mezclar al menos un par de veces.

Transcurrido este tiempo (que puede extenderse hasta 48 horas), mezclar para mezclar la leche con su suero y filtrar el kéfir con un colador sin triturar excesivamente los gránulos. Si prefiere una versión menos ácida, debe separar el suero de la leche.
Antes de consumir se recomienda dejar enfriar durante dos o tres horas en la nevera. El kéfir, así listo, se puede conservar en el frigorífico un máximo de una semana.

Kéfir en la cocina

El kéfir se puede comer puro o añadiendo miel, café, chocolate líquido o en escamas, frutas y cereales.
También es ideal como ingrediente para primeros, segundos platos y postres.
Una de las recetas más populares es la sopa fría con kéfir y remolacha, que se prepara combinando pepinos rallados y remolacha cocida, huevos duros cortados en cubitos, cebollino y eneldo al kéfir, y mezclando todo con la adición de sal y pimienta.

Un segundo igualmente sabroso está ahí tarta de coliflor con curry y kéfir, que se prepara horneando una sartén con pasta quebrada y floretes de coliflor (primero blanqueados durante cinco minutos en agua con sal) regado con una mezcla de huevos, kéfir, sal, pimienta, nuez moscada, curry y queso rallado.

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Carlos Dominguez

Escrito por Carlos Dominguez

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